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domingo, 24 de julio de 2011

ROCIO: MUJERES DE MADRID



Rocío llora mientras, sentada al borde de su cama, intenta ver, sin conseguirlo, por las lágrimas que cubren sus ojos, los números diminutos del teléfono.


Juan hace dos semanas  que se marchó, ella aunque le dejo ir, no lo supera, porque le quiere con todo su alma. Pero él no puede más, la presión dejó que su débil carácter, hiciera mella en su interior.


Juan siempre a la sombra de Rocío y ella haciendo de él su marioneta, sin ni si quiera darse cuenta.
En el fondo él nunca quiso tener hijos, ahora ella lo sabe.
- Demasiado tarde. - Le dijo Rocío.
El bajó la cabeza sin poder decir nada, quizás para no empeorar mucho más la situación que ya de por si era un auténtico suplicio.
Tanto para ella como para él, pues los dos siguen queriéndose.


Lo que pasó en la galería con el cobarde de su ex, ha minado la relación. Cuánto tiempo hace que dejaron de hablar?? Cuánto hace que dejaron de sentir??


Su matrimonio ha caído en picado hasta empotrarse contra el suelo, haciéndose añicos, para terminar desapareciendo, para siempre.


Ahora Rocío no puede sola, necesita a Juan, hablar con él y contarle. Contarle lo que acaban de decirle.


Consigue marcar el número, una señal, dos, tres, cuatro... no contesta, tira el teléfono encima de la cama y este cae al suelo. 


Rocío llora, está sola y nunca se ha visto en esta situación, no le gusta nada sentirse así.
Le duele la tripa, parece que va a estallar, los pinchazos son cada vez más fuertes, no puede esperar más y sale de casa, recomponiéndose del estado de tristeza en el que se encuentra para introducirse en el más doloroso acontecimiento al que se deba enfrentar en toda su vida.


Más tarde llamará a las chicas ellas son lo único que le queda.