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domingo, 8 de julio de 2012

SARA: MUJERES DE MADRID


Sara se mira al espejo, se ve horrible, ese vestido, no se lo puede poner. Rebeca lo ha elegido para ella.
 Está nerviosa y todo le parece fatal. Ese estado la supera. Cómo me he metido en esto?? -Se pregunta.

Hace unos días Rebeca la invitó a un buen restaurante, entre la comida el vino blanco, que las dos bebieron se achisparon un poco, bastante.

Antes del postre, Rebeca se puso de rodillas y ante la atónita mirada de Sara le pidió que se casara con ella, que aceptó entre risas.
A la mañana siguiente las dos tenían una resaca importante, Sara no se acordaba de nada y tuvo que ser Rebeca la que le contara todo lo que había ocurrido.

Sara cuando bebe se transforma en  una persona diferente más divertida, desinhibida y deliciosa, pero al día siguiente vuelve a ser ella misma y de lo que pasó la noche anterior si te e visto no me acuerdo!!
Pero Rebeca lo sabe y no la deja hacer tonterias, no muchas claro.
 Cuando Rebeca se lo contó, divertida, Sara empezó a sudar, asustada y confundida, pensó en que se había metido en un saco sin fondo.
Cómo le digo yo a Rebeca lo que siento con lo ilusionada que está.
Sara ve como Rebeca sonríe, la encanta el vestido a mi me horroriza, pero que mas da, no puedo dar marcha atrás, ella se está encargando de todo y ya todo está casi ya encargado.

Entonces se vuelve a mirar en el espejo ese espejito que de mágico no tiene nada porque se ve espantosa, pero al verse parece que se mira de otra forma, ya no  le sienta tan mal, le hace mas delgada de eso no cabe la menor duda, eso si, los tacones ni loca se los pone.

Rebeca la mira:
- Estás preciosa
- Sí, verdad?? Me queda genial - Sara sonríe forzada
- Que ocurre Sara??
- Nada Porque?? Disimula mirándose por detrás.
- Todo va bien. Estoy deseando que llegue el sábado.


Rebeca la deja tranquila, la conoce demasiado bien, todavía lo tiene que asimilar.
Todo ha sido demasiado rápido.
Pero Rebeca tiene prisa y no puede demorarlo mucho tiempo las dos se quieren y el tiempo hay que aprovecharlo. Y Rebeca tiempo es lo que no tiene. Piensa triste en su hijo, pero vuelve a mirar a Sara y dice para sí, mañana será otro día.