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jueves, 21 de octubre de 2010

ROCIO< MUJERES DE MADRID

Su primer café de la mañana le calmaría los nervios. Rocío iría hoy a hacerse su primera invitro.

Lleva tanto tiempo esperando este momento, que el corazón se le sale por la boca, le tiemblan las piernas y el ansia no la deja dormir.

Se mira al espejo y las ojeras son más visibles que nunca, a sus treinta y tres años Rocío se ve mayor.

Estos meses han sido tan duros, para ella y para Juan, que necesita que todo salga bien, volver a repetir el tratamiento sería un auténtico suplicio. Pese a las ganas que tiene de ser madre.

Juan entra en la cocina, mira a Rocío con dulzura, no se fija si quiera en las ojeras, que tiene bajo los ojos color miel. Su sonrisa forzada le anima, pues piensa en el esfuerzo tan grande que hace para no "venirse abajo"
El le aporta todo lo que una mujer puede desear.
- Llegó el momento. ¿Estas bien?
- Sí, cansada y ansiosa, deseando que todo acabe y sobre todo que salga bien.
- Sabes que tienes que estar preparada para todo. ¿Verdad? 
- Tengo en la cabeza toda la información que nos han dado todo este tiempo, aparto en mi mente lo que no quiero que pase.
- Tienes que estar preparada para lo peor, sin descartar el optimismo. Acuérdate de lo que te ha dicho el psicólogo. - Dijo Juan preocupado por las ilusiones que ella pudiera hacerse.
- Ya lo se. Estoy preparada para todo, no te preocupes.


Rocío mintió a Juan para no preocuparlo más, su angustia era mayor de lo que aparentaba, sabía muchas cosas del tratamiento y no todo era bueno.
Podían pasar varias cosas que Rocío no quería ni pensar, pero por desgracia lo hacía, no podía evitarlo.

Ella sabe que tiene unas pocas oportunidades, tras varios ciclos de invitro disminuyen las posibilidades de embarazo y eso la asusta tremendamente, entre otras más cosas que puedan pasar.



Terminó su café y beso a Juan , se puso tan cerca de él que su olor la despertó de sus malos pensamientos, le miró a los ojos con deseo y él la correspondió.
Abrió las piernas y se sentó encima.
El la besó en la boca, mientras Rocío desabrochaba su camisa. Ella notaba como sus fuertes manos acariciaban su espalda, subiendo poco a poco el jersey que llevaba puesto.
Inmediatamente el jersey cayó al suelo, desabrochando segundos después el sujetador de Rocío.
La lengua de Juan buscaba sus pezones, dibujando una linea entre el cuello y sus pechos. 
Rocío se estremeció de placer, notando como en el interior de los pantalones aquello despertaba, abriéndose paso entre su ropa interior y los vaqueros.
Rocío desabrocho el botón y bajo la cremallera, saco con sus manos el miembro de Juan. Ella se levantó la falda.
Juan la cogió por la cintura y la subió encima de la mesa de la cocina, todo se fue al suelo, pero eso les puso aún más, tan calientes como las llamas de un fuego, culminaron encima de la mesa su pasión. Desinhibidos, dejaron en blanco sus mentes, se sintieron mas fuertes que nunca. Siempre se tendrían el uno al otro.

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