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domingo, 14 de noviembre de 2010

ROCIO:MUJERES DE MADRID

Rocío pintaba su nueva colección. La semana próxima iría a Nueva York a exponerla. Su buen amigo Albert siempre contaba con ella para tal evento, le encantaba, la pintura de su querida amiga con gran talento.
Con la que pasó horas en la universidad, haciendo de las suyas, estudiando, también. Claro está!!

Les costó, pero al fin lograron sacar la carrera que tanto les apasionaba a los dos, por lo que lucharían en un futuro para dedicarse a lo que mas les gustaba pintar.

Rocío pensaba en él, mientras terminaba uno de sus cuadros, que dejó a medias cuando fue hacerse la inseminación, pero que ya estaba a punto de terminar.
Tenia media sonrisa, pues añoraba aquellos tiempos, mientras daba las últimas pinceladas, recordaba, momentos de aquellos años, cuando Albert le dijo que era homosexual, ella le contestó. -¿Y? Te quiero, a mi me importa un pimiento. Eso les unió aún más.
Lo que no le gustaba mucho a Rocío es que le quitara los hombres. Alguna que otra vez eso ocurrió.
Volvió a la realidad, miró hacía el cristal, abajo en la galería Rosa hablaba con alguien.
Un hombre alto y guapo le sonaba su cara, pero no distinguía bien quien era, pues desde esa distancia no veía bien.
Lo que si vio es que Rosa la llamaba, parecía que ese hombre preguntaba por ella.

Bajaba intrigada por las escaleras, no tenía ninguna cita hoy, tampoco había quedado con ningún cliente, ni proveedores. Entonces quien era eso hombre que a Rocío le sonaba tanto?

En la última escalera se paró en seco, frente a ella a una distancia en la que podía reconocerle perfectamente, le vio, algo que no podía imaginarse después de tantos años.
Ángel estaba cambiado, tan atractivo como siempre, pero ese pelo negro dejaba ver unas pocas canas.
Las arrugas de su cara le hacían más interesante y sus vivos ojos eran más verdes que nunca.
El paso de los años le habían sentado bien. 
Hacia cinco años que no le veía, casi ya no se acordaba de él, pero reconoce para sí, que de vez en cuando inunda sus tranquilos pensamientos.
Después de la impresión y de haberle observado detenidamente, empezó a cambiar sus sentimientos, ahora se sentía enfadada recordando como desapareció de su vida.



 - Pero ¿Qué haces tú aquí?
- ¿No te alegras de verme?
- Que se yo.. Deja que piense... No. -Terminó diciendo Rocío al fin.
- Llevo tiempo buscándote, un cliente tuyo conocido mío me habló de ti.
Siento haberme presentado así.
Rocío tenía ganas de llorar y al tiempo unas ganas locas de saber más de él. Ángel la miraba con esos ojos que ella conocía muy bien.

En su presencia se sentía vulnerable, estuvo guardando esos sentimientos en el fondo del cajón de su corazón, mucho tiempo, no quería sacarlos ahora que estaba feliz. O eso creía ella.

-Tomamos un café.
-Para que.
-Para hablar.
-Hablar de que.
-Rocío por favor, te necesito.

Rocío, luchó, luchó con todas sus fuerzas para no caer en sus brazos, para no perder la batalla entre su cabeza y su corazón.
Pero le fallaron, dejó por esta vez que su corazón ganara y hablara por ella.
Entonces le dijo que si.

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