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miércoles, 16 de marzo de 2011

ROCIO: MUJERES DE MADRID

Rocío mira por la ventana, está anocheciendo, se asombra de lo deprisa que ha pasado el tiempo.
El proyecto de Pierre le está ayudando a no pensar en el corazón de Juan.


Se pone a recoger los pinceles, los lava con cuidado y los deposita en sus botes, tapa los óleos y se quita su casaca.
Entra en el lavabo del estudio, oye un ruido, asustada sale con las manos mojadas, salpicando el suelo.
Deja unas gotas que pisa, marcando las huellas de sus zapatos, se escurre y casi cae.


Respira rápidamente, se le seca la boca del miedo.
Baja las escaleras con cuidado, está todo oscuro, no ve nada pero oye ruidos. Cada vez más asustada porque la oscuridad le da terror.


Termina de bajar todas las escaleras, la piel de su cara ha perdido todo el color y ahora es blanca como la leche.
Tantea entre la oscuridad, palpando las paredes, está segura de que alguien merodea entre los muros.
Busca alguna llave de luz, para encender, pero aquello es tan grande que es difícil.
Oye los ruidos cada vez más cerca, pasos que juraría se acercan a ella.


Aterrada sin poder pronunciar palabra, baja el último escalón, muy despacio cerrando las manos con tanta fuerza que los nudillos se le quedan blancos.
Está asustada, oye su respiración, palpa las paredes, tiene suerte y encuentra un interruptor, las luces del techo empiezan a parpadear y se encienden llenando la estancia de luz artificial.


Rocío mira a su alrededor camina un poco, cuando tuerce el primer muro a su izquierda, se encuentra con Ángel, clavando sus ojos negros en ella.
Del susto se sobresalta, pega un brinco y cae sobre él.


Ángel la agarra fuerte, Rocío se asusta mas si cabe, pelea por zafarse de él pero no puede. Su fuerza contra la de ella es cien mil veces mayor. Sigue resintiéndose, ninguno de los dos dice nada.


A ella no le sale palabra y él disfruta, ante la resistencia de Rocío.
No puede respirar, Ángel no la suelta.
-Suéltame!! -Gritó al fin.
Ángel no lo hace, agarra su cabeza con las dos manos y besa su carnosa boca. Rocío siente asco, las babas de él mojan su cara. Consigue separarse, al tiempo que le da un bofetón con la mano abierta, el eco suena tan fuerte que recorre cada uno de los rincones del local.


- Vete ahora mismo!!
- No. He venido a verte. Te deseo y hoy serás mía quieras o no.


Rocío intenta salir corriendo pero él la coge de los pelos con tanta fuerza que la tira al suelo.
Rocío no se puede mover, él encima de su cuerpo aplastando todos y cada uno de sus huesos.
Mientras ella lucha, él le sube la falda bajándole las bragas.
Rocío no puede moverse ni siquiera hablar. Las lágrimas mojan sus mejillas. Quisiera patalear, gritar pero está demasiado asustada y la tiene inmovilizada.
Eso no podía pasar, esta embarazada, Por Dios!!
Entonces con las pocas fuerzas que le quedan un hilo de voz sale de su boca.


- Ángel, no sigas, te lo ruego, estoy embarazada. Déjame por favor no lo hagas.


El se incorpora despacio, su erección apunta hacia ella, le mira con sus ojos negros penetrándole las entrañas, le agarra las manos con fuerza  y le hace coger su pene.


Rocío no puede creerlo, mueve su mano deprisa, ella intenta quitarse pero él la tiene cogida con tanta fuerza que es incapaz de separar sus manos de las de él.
Se corre enseguida el semen mancha su ropa.


Los dos se miran ella con odio y él impasible, sin expresión, se sube los pantalones. Ella todavía en el suelo, sin moverse, humillada y avergonzada, baja la mirada, con los ojos húmedos por las lágrimas.
En silencio él desaparece, dejando una desolación en las paredes prefabricadas del local, que Rocío tardará mucho tiempo en olvidar.
En estado de Shock, Rocío se levanta como puede, el cuerpo le duele y las lágrimas escuecen en sus ojos.
Coge el teléfono con las manos temblorosas y llama a Juan.

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