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lunes, 6 de septiembre de 2010

SARA;MUJERES DE MADRID




Esa mañana se arregló más de lo habitual, Pilar volvía de sus vacaciones. Sara estaba entusiasmada, por verla.
Se pintaba los labios de rojo marfil, un pintalabios exclusivo, comprado en París, uno de esos viajes que hacía con Sergio de vez en cuando, cosa que la encantaba.
Su pelo rizado, le llegaba hasta los hombros, nunca conseguía domarlo, pero ella pensaba que esos rizos rebeldes le sentaban de maravilla, le daban un aspecto desenfadado y despeinado que la favorecía mucho.
Frente al espejo se veía muy atractiva.
Sin quererlo miró hacía el bulto en la cama detrás de ella, el hombre que , pese a todo, quiso casarse con ella, procurando hacerla feliz, sin conseguirlo.


Sara supo desde joven que no era como las demás chicas, en la adolescencia su cuerpo quería despertar, pero ella no le dejaba.
Nunca vestía femenina, le encantaba ponerse esos vaqueros viejos y cualquier camiseta del grupo de moda. Su pelo recogido en una coleta, pues se negaba a cortarlo como un chiquillo.
Demasiado madura para su edad Sara se sumergía en un mundo en que que nunca había estado, pero que le gustaba, pensando que pertenecía a el, sintiéndose a gusto con todos y con ella misma.


Sergio y Sara se conocieron en la universidad, estudiaban en la misma clase, él se fijó en sus ojos negros al instante despertando en su interior sensaciones diferentes cuando la miraba, cosa que con ninguna otra chica le pasaba, Sara era diferente.
Su amistad fue creciendo con el paso del tiempo, afianzándose hasta el punto de contarse sus más íntimos secretos, por eso Sergio sabía, que a Sara no le gustaban los chicos, pero que su familia no sabía nada de sus gustos por las mujeres y no quería que eso cambiara nunca.
Quizás sea una de esas mujeres que no saldrá del armario jamás.
Viviendo una vida que no quiere por miedo o por cobardía, por no hacerse daño a ella misma y a los demás.


Sergio estaba enamorado de ella hasta las trancas, sufría en silencio cada vez que le contaban sus amores pasajeros con alguna chica, pensando que quería ser Sergio el que ocupara el lugar de aquella afortunada, que tarde o tremprano siempre rompía el corazón de la pobre Sara...

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