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lunes, 13 de septiembre de 2010


Todos los miércoles se reunen, las tres, en el café de Madrid, en la calle Belén, una calle tranquila que se esconde detrás de otra más bulliciosa, la de Fernando VI.


Este tranquilo sitio, encanta a las tres mujeres, las invita a compartir charlas interminables a la luz de las velas que se reparten por cada mesa de madera, entre otras convinadas con mármol y patas de hierro.
Este café es genial para tomarse un café o una infusión mientras, Irene, Sara y Rocío se cuentan sus más suculentos pensamientos y lo que les pasa en su día a día, sin nadie más que ellas.
De fondo la música, que no molesta para charlar, suena como una brisa en la noche, deleitando sus oídos mientras entre risas, llantos y sentimientos, ellas estrechan los lazos de amistad que jamás se romperán.


Ese miércoles Rocío necesitaba a sus amigas más que nunca, por eso llegó la primera. Detrás, Sara que la saludó con un fuerte abrazo, esperando las dos, que Irene entrara por la puerta.


- Hola guapas¡¡ - Irene entró.
- Hola ¿Dónde vas tan guapa? Comentó Sara.
- ¡A que es mono! He encontrado esta ganga en el Centro comercial, chicas tenéis que ir está todo a mitad de precio y son cosas de marca, quedan increíbles.
- Ya, tengo ropa de sobra, cuatro trajes para ir a trabajar, y para salir ya sabéis, siempre lo mismo, mis vaqueros y mis camisetas. - Anunció Sara que desde joven siempre vestía igual.
- Yo tampoco necesito ropa, necesito un bebé. -Lloraba Rocío.


Todas se empatizaron con ella, entristeciendo, el momento moda pero a ninguna le interesaba la ropa en esos momentos, lo que querían era, no ver a su amiga sufrir.


- ¿Qué ha ocurrido, Rocío?
- Hemos ido al médico y el muy... va y me dice que no puedo tener hijos. Tendríais que haberle visto la cara, era como si nada impasible. Por dios!! Yo he nacido para ser madre.
- Date cuenta que lo ve a diario, para él es algo normal. Con ello no quiero decir que se alegre. -Dijo Irene animándola.
- Y mi querido esposo. Lo mismo parece no importarle tampoco. Qué adoptemos dice!!
- ¿Y porqué no? -Replicó Sara. Mucha gente adopta y es feliz con sus niños, son como si fueran suyos.
- Tu lo has dicho, como, pero no lo son.
- Sí, Rocía, si lo son, les quieren, no nacen de sus entrañas pero les crían con toda la ilusión del mundo, y no se arrepienten nunca de haberlo hecho, estoy segura que lo harían mil veces más.
- Cálmate Rocío.  ¿Te ha dicho algo del tratamiento?
- Sí, es duro y no hay muchas esperanzas, pero quizás se pueda conseguir.
- Ves!! Una lucecita,  no seas tan negativa todo se arreglará, y un buen día te veremos con un bebé en los brazos. Prueba el tratamiento, a ver que pasa.
- Es verdad, soy muy cansina con el tema, contadme algo vosotras. ¿Qué ha pasado estos días en vuestras agitadas vidas?
- !Uy¡ Lo mío es peor o mejor según lo mires. -Rió Irene.


Todas empezaron a reír a carcajadas, incluso Rocio, que por un instante se olvidó de su problema, quería saber, conociendo a su promiscua amiga, con quien se había acostado esta vez.



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