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sábado, 18 de septiembre de 2010

SARA;MUJERES DE MADRID




Sara entró en la oficina nerviosa como si fuera su primer día, divisó a Pilar entre las mesas. Se la veía radiante, feliz y más guapa que nunca, su moreno le favorecía enormemente, sus mechas rubias se aclararon con el sol.



Pilar vio a Sara desde su mesa, con una sonrisa de oreja a oreja se levantó corriendo de la silla, para saludarla.


- Hola Sara. ¿Cómo estás?
- Bien. ¿Y tú? Como lo has pasado. - Sara se aturulló mientras decía la frase.
- Lo hemos pasado genial. Ya lo saben casi todos. Mira!!


Sara miró la mano de Pilar mientras ésta le enseñaba el enorme pedrusco que brillaba, luciendo el dedo de Pilar que a Sara le hubiese encantado chupar hasta desgastarlo.


- David me ha pedido que me case con él. Yo le he dicho que sí, claro. Fue tan romántico, a la luz de la luna caminando por la playa,  no pude resistirme.


Sara procuraba que su cara no fuera un poema, no tener ninguna expresión en ella que la delatara, era su pelea contra sus sentimientos, notaba que se la humedecían los ojos y en sus carrillos sentía un calor imposible de aplacar.






- Me alegro por vosotros, que seáis muy felices. -Dijo con todo el dolor de su corazón, pero sin que ella se enterara de ese dolor.
- No tenemos fecha aún, pero David dice que no debemos esperar mucho, no vaya a ser que nos arrepintamos.


Pilar se echo a reír, se la veía tan feliz que Sara se alegró por ella. Aunque lo único que le apetecía era coger a Pilar besarla hasta dejarla sin reparación, pero se contuvo no era el momento ni el lugar.
Se despidieron para seguir trabajando cada una en su mesa, tan cerca y tan lejos que Sara se estremeció, no sabe si por la cercanía o por la distancia que las separaba a las dos.
Allí en sus respectivas sillas pasarían el día disfrutando una de su dicha y la otra apenándose por su desdicha.

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